TOMAR UNA YOLA!!! ES VIABLE SI ENFRENTARA UN PROCESO PENAL


Corría el mes de octubre del año 2008 cuando ingrese a la Escuela Nacional de la Judicatura, había iniciado mi proceso de formación de aspirante a Defensor Público, los aspirantes compartíamos afanes con un selecto grupo a la sazón aspirantes a jueces de paz, uno de los docentes de Teoría General del Derecho, era un prestigioso juez de la República Dominicana, con el se hizo famosa una frase “Si me tocara ser Juzgado por un Juez Penal Dominicano, tomo una Yola”.

En aquel momento no reparaba en la transcendencia de la frase, estaba eufórico por la oportunidad que tenia de superar el proceso de formación, ir a luchar a favor de los desfavorecidos por la providencia, al final son ellos los que engrosan las estadísticas del proceso penal en cualquier parte del mundo, la República Dominicana no es la excepción. Más adelante he reflexionar sobre la importancia de aquella frase, yo mismo he llegado a pensar que debería tomar una “Yola” en caso que me tocara ir a un tribunal penal, u otra decisión más drástica como diría otro excelso juez “me doy cinco tiro, aunque sé que con el primero pasare al mundo inmaterial”.

Es que hemos perdido la capacidad de asombro, llegando a pensar que el proceso penal solo es para los otros, sin analizar que cuando nos toque quizás ya sea tarde, como dice el desconocido poeta “cuando vinieron por mí, ya era tarde”. Nos llenamos de regocijo cuando se impone prisión preventiva a cualquier ciudadano, cuando solo se ha iniciado una investigación penal contra aquel, sin importar la posibilidad de que resulte más tarde declarado inocente, destruyendo su integridad física en la cárcel y la moral ante el público y su familia.

El proceso penal dominicano se ha convertido en un atroz destructor de la integridad moral, solo basta que exista un interés mediático para filtrar las investigaciones a la prensa, desde ahí aniquilar moralmente al investigado, lograr una prisión preventiva y luego alardear de que se está haciendo justicia. Al parecer aquella se logra, cuando el investigado es encerrado en las ergástulas dominicanas, dado que a partir de ahí ya no existe más que presunción de culpabilidad, misma que arrastrara dicho investigado ante la sociedad, su familia e incluso los jueces que le tocara decidir su suerte. Pues estarían ya contaminados con el bombardeo de información pública y la prisión preventiva que le fue impuesta.

Aquella “Yola” del año 2008, parece una solución viable diez años después, este proceso penal Kafkiano está encaminado a cumplir con las estadísticas judiciales, no repara en que son seres humanos con dignidad y derechos a los cuales cada día están enviando a los centros de perversión carcelaria-como dijo Tim Robbins (Andrew Dufresne) en la película “Sueños de Fuga”, en la calle era un hombre recto, tuve que ingresar a una prisión para torcerme-que inoculan las vidas de miles de hombres, sin importar que sean sanos o enfermos, solo le inyectan el veneno, luego lo vuelven dañado al seno de la sociedad.

A pesar de las decisiones fuera de lo que es un verdadero Estado de Derecho, no tengo animadversión con los jueces dominicanos, pero sí creo que están entrampados en un populismo que le hace un flaco servicio al sistema de justicia, el miedo que sentimos lo ciudadanos, lo sienten muchos de los jueces penales, pues al final lo que procura todo ser humano es garantizar su propia supervivencia, y la fragilidad que tienen ellos en sus puestos es enorme, pues tienen órganos internos y políticos externos, que esperan como la espada de Damocles que emitan una decisión contraria a los prejuicios sociales y políticos para dejar caer sobre ellos la espada con todo y balanza.

Sin embargo, el rol del juez en un sistema de justicia penal justo, es servir de equilibrio entre los poderes del Estado y los derechos de los ciudadanos, es urgente pues, que asumamos que los jueces son el poder que controla las arbitrariedades estatales, que imponer prisión preventiva cuando no exista un peligro para la investigación, la víctima o el proceso, es contravenir la teleología de la fase investigativa del proceso penal. Por tanto la prisión preventiva cuando no existan esos riesgos deviene en arbitraria, operando como una pena anticipada.

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